La semana pasada, me dediqué a leer una de las historias más interesantes que haya encontrado en mucho tiempo, y por si esto fuera poco, además ví la película, la cual está enteramente apegada al texto original.
La ceguera blanca, como es llamada un sin fin de veces en el libro, es una enfermedad nueva; altamente contigiosa, como la gripe o algo así; y de la que aún no se sabe nada.
La luz verde del semáforo, los carros comienzan a avanzar, una de las arterias más congestionada de la ciudad, un automovilista no reacciona, los de atrás se desesperan, el auto no se mueve, el hombre que está dentro comienza a gritar, nadie entiende que sucede, él lo sabe, está ciego... La historia comienza así, sin más ni menos; automovilistas, medicos, ladrones, prostitutas, amas de casa y hasta niños se están quedando ciegos, pero no de la manera con la que estamos acostumbrados a pensar cuando hablamos de la ceguera, ésta es diferente, como si una espesa marejada de leche cubriera sus ojos.
Desde el principio la trama me enganchó, el difunto Jose Saramago, si que sabe como mantener el suspenso y los nervios al borde. Con cada uno de los capitulos, me hizo estar cada vez más intrigado y cuando parece que las cosas van a mejorar, lo peor apenas empieza.
Altamente recomendable, tanto en su versión para la pantalla grande o en sus más de 500 paginas, una de las historias que no debe perderse nadie, ni siquiera teniendo la escusa de no querer ver uno de los peores actores que tiene el cine mexicano, el estereotipado Gael García, cuya aportación no sobrepasa los quince minutos.